2.4.09

EL COPYRIGHT DEL ODIO por osvaldo raya


Todos tenemos nuestras bestias allá dentro. Algunos las amarran o las guardan en el interior de ese secreto sarcófago sellado donde también se alojan las sombras del alma y las lecciones de amor y de bondad que no hemos aprendido todavía, por tercos o porque nos falta drenar los sedimentos y echar espuma por la boca de la ira o botar por las narices fuego. Nadie quiere quedarse con todo eso adentro. Todos ‒hasta los hombres más grandes‒ conocen la cólera y alguna vez se han puesto como cianóticos o se los ha visto con los ojos enrojecidos, como toro que embiste, y con la vena del cuello pronunciada. Muchas veces me cabreo y me pongo así, igual que pastor que, apesar de contarlas a cada poco, ha perdido, como dos de sus ovejas. Es que de vez en cuando nos hace falta la rabia y mostrar al menos la uñita amenazadora del dedo meñique ‒no toda nuestra garra‒; para que se sepa que no tenemos ni un pelo de tontos o de indiferentes. El amor tiene que defenderse. La rosa es de frágiles pétalos y es blanca y purísima ‒¡casi santa parecen las rosas!‒; pero… ¿para qué han de querer tantas espinas? ¡Ah…! Ya hemos sabido de ciertas flores fatuas: rosas que maquillan y adornan sus punzones. Yo las conozco y las repudio. Prefiero las otras, las de siempre, que no esconden, con afeites, las afiladas puntas.
Los hay ‒no tan viriles varones pero sí muy cool‒ que un día van a reventar como presumidos y golosos sapos, de esos que van de loto en loto, acumulando en sus estomagos ‒no sé hasta cuándo‒, el veneno de los grillos y las moscas que han venido tragando y tantas ganas reprimidas de gritar y de soltarse de adentro. A veces no pueden disimular tanto disimulo y sienten la tentación de abrirle la jaula a su bestia interior... pero no, no se atreven del todo y descargan su voltaje furtivamente por los rincones; de modo que nadie los sabe de tan mala leche. Sí que los hay así, como esas rosas de espinas maquilladas. Son como frágiles ‒e inconsecuentes‒ promotores de la paz y la cordura y del control de nuestras pasiones más auténticas e incurables. Ellos, con tal de quedar bien con todas las verdades han inventado la media verdad y viven disculpándose de sí mismos y pidiendo permiso para vivir y andar. Desde el borde o desde el brocal, contemplan la caída de la estrella y no van a por ella a adoptarla para que no se quede huérfana de luz y mimarla, entonces, en los cielos de sí. La dejan ahí tirada, desangrando aquel último brillo. Estos pendones ‒metrosexuales de la opinión‒ viven en un fanal desde donde contemplan, sin inmutarse, la marea diluviana. Y dicen que no, que no odian, que no le desean la muerte a los tiranos y que hablar de política es mala educación y se cambian de religión y reniegan de los mitos que en el pasado desataron paroxismos y trances. Ahora están con la moda, es decir, en esa moderna ‒o posmoderna‒ religión que, a diferencia del resto de las religiones, no tiene mitos ni ritos ni sustancia demasiado caústica. El indolente no odia ‒¡oh no!‒ pero corroe el amor o lo aparta porque no se atreve a ponerse la zapatilla del que tiene una herida que nunca cicatriza. El indolente es cobarde y se disfraza de mediador y de juececillo que dice que hay que ver la verdad de nuestros oponentes tan válida como nuestra verdad y bla… bla… bla… Y, con esa sintaxis que no es si no gerundiada, se lanzan de articulistas y ensayistas de la tolerancia y se los ve, de pronto en la internet en un blog de fondo rosado y amarillo.
Por aquí andan, en Miami, cubanos de medio pelo ‒y de media faja a la cintura‒ que critican el cubaneo y el apasionamiento; y se avergüenzan de los modales de los que se sientan a compartir la nostalgia y la rabia en el portal del Sedano de la cubanísima ciudad de Hialeah ‒émula del barrio habanero de Marianao‒ y se mofan de los viejos exiliados a quienes condenan porque dicen que éstos destilan cataratas de odio y rabian como perros ‒mas no pueden decir que como hienas‒ y que no saben discutir civilizadamente y hasta creen que son dueños de toda la verdad. Tal vez tengan razón pero es lamentable que irrespeten y se burlen del único discurso posible en un anciano que allá en Cuba el Gobierno Revolucionario le arrebató la vaca y el camión y el almacén que con tanto sudor levantó. Y lo peor: a éste mismo anciano también le arrebataron a su único hijo. Luciano es su nombre y aún llora rabioso cuando narra que unos barbudos ‒aquella epidemia de color verde olivo‒, bajo las órdenes de un tal Guevara, lo sacaron a patadas de la casa y esa misma madrugada lo llevaron al cuartel de la Cabaña para fusilarlo. Ahora Luciano debe de estar tomando café en el Versailles, en la Ocho, con otros viejitos exprisioneros del castrismo ‒hombres de sustancia solar y no de atrezzo, fieles a su dolor y a su credo‒ con quienes se pone de acuerdo para el próximo desafío en el Parque del Dominó, también en la calle Ocho. Allí, intercalado entre los chasquidos que produce el choque de las fichas de este típico juego, suelen escucharse las discusiones acaloradas sobre política. Pero el Parque se pone que arde cuando viene un provocador y se coloca en la acera del frente; de manera que los jugadores vean que lleva en su camiseta la cara oprobiosa del tal Guevara que fusiló al hijo de Luciano en el ‘61. Entonces Luciano quiere buscar un machete y matar al provocador y le vocifera y casi ruge y casi ladra o chilla como rabiosa locomotora o como niño que nació en noche oscura. Él odia con toda su fuerza a ese rostro que luce en su camiseta el provocador. Y no esconde su odio por eso, porque es el único estandarte que le queda para honrar la memoria de su hijo y porque ese odio no es suyo sino es el que le inocularon los del Gobierno Revolucionario con sus expropiaciones y sus famosos pelotones de fusilamiento.
Y ¿quién odió primero? ¿Los cubanos del Versailles y del Parque de la calle Ocho o los de allá, los que encarcelan y matan en la Isla? ¿De quién es el odio originario? ¿Quién es el dueño, el autor del odio?
¡Cuánto odio tienen que tener los del Gobierno Revolucionario ‒los Castro y el Guevara ése‒ y todo el séquito de enanos y de eunucos que gritaba como hordas de vándalos «¡Paredón para los gusanos!»! O sea, que esa chusma histérica y despiadada pedía , sin el menor pudor, que se asesinasen a todos aquellos que pensaban diferente a los barbudos. La misma gentuza salvaje que, organizada en turbas, más tarde protagonizaría los escandalosos actos de repudio los cuales eran casi casi un linchamiento contra quienes decidían abandonar el país por estar en desacuerdo con la dictadura. Y qué decir de las ‒todavía vigentes‒ Brigadas de Acción Rápidas o Brigadas de Odio. ¡Y cuánto... cuánto odio se necesita para encarcelar y matar a tanta noble gente o para aplaudir el crimen o invitar a cometerlo, como un acto patriótico y perfectamente moral ‒según las concepciones revolucionarias! Y ¿dónde fue que aprendimos los cubanos de aquí a rabiar y a gritar desaforadamente?, ¿ quien nos entrenó y perfeccionó en el oficio estridente de usar la garganta como megáfono y a levantar tribunas dondequiera; a saber, en toda la calle Ocho o en el portal del Sedano en la norteña Hialieah? ¿Cómo es que somos expertos en eso de salirle al paso a todo el que defienda otra idea diferente? Yo soy así de intolerante porque so pena de la tolerencia no voy a darle ni chance ‒ni una hendijita siquiera‒ los voceros de esa dictadura que siempre nos volcó su hedor y su rabia y nos vociferó, con palabras soeces, toda la hiel de su asquerosa ideología? ¿Cuál ha sido el modelo de comportamiento, a la hora de discutir nuestras diferencias; para nosotros, los que fuimos educados en las escuelas socialistas ‒las únicas escuelas que hay en Cuba? Recuérdese que todos los días teníamos que padecer la gritería y la histeria de los militantes del Partido Comunista: todos los días y a toda hora, en la calle, en la tele, en los prensa escrita. Y este odio mío a todo le que huele de izquierdas y revolución y a marxismo-leninismo, ¿en dónde lo aprendí? La Cuba de los Castros es la gran escuela donde nos entrenamos como intolerantes y rabiosos. La Revolución Cubana es el aula magna de todos nuestros odios y de todas nuestras intolerancias y reacciones agresivas. ¡No esperen, los provocadores, otra cosa de nosotros los que favorecemos la libertad y la democracia, que no sea indignación y un fuego que viene desde las mismas entrañas del dolor y del recuerdo aún fresco del oprobio y el crimen! ¡Ojalá los negacionistas y los pesquisadores revisen bien la historia, a ver si somos la única tribu que odió a sus caciques despiadados; o si somos el único pueblo que se alegra cuando se muere el cabeza de la satrapía! Yo vi en los noticieros a los chilenos abriendo champaña y brindando en medio de Santiago, tan pronto anunciaron la muerte del repugnante Pinochet y vi igualmente a los iraquíes cuando ejecutaron al carnicero Sadam. Yo lo vi; mas no escuché que se levantase una sola voz para criticar esas festividades. ¡Ah... pero cuando salimos los cubanos a celebrar, con banderas y sonando las cornetas de los coches a lo largo de la calle Ocho; ah, ese día, cuando casi estábamos seguros de la muerte de Castro, entonces sí se armó la tormenta y llovieron las críticas contra los cubanos y las acusaciones de salvajes y de malos cristianos! Muchos ridiculizaron nuestro odio y se atrevieron a equipararlo con el odio que el tirano nos tiene a nosotros. Los cubanos de aquí y los de allá, que disienten, al menos tenemos un odio mesurable. Sin embargo, el odio de los Castro no hay vara que lo mida. .

El odio de Luciano ‒y el mío‒ casi ni odio es, en comparación al odio del tirano y el de sus testaferros. Y odio era aquél, el que me susurraban cuando niño los instructores de los Pioneros o boy scouts comunistas. Odio y más odio y envidia y orfandad y ganas de matar es lo que enseñan en las escuelas a la hora del acto matutino de los viernes o el que se destilaba en las asambleas destinadas a seleccionar al Alumno Vanguardia. Clases de odio eran las clases de Historia y las charlas de Instrucción Política. Y odio es a lo que invitan las vallas de la propaganda revolucionaria y todos los medios oficialistas. Odio es lo que aparece en los expedientes de los escolares donde los maestros revolucionarios tienen que colocar una nota en la que informan actitudes sospechosas y contrarrevolucionarias de sus alumnos. Odio es enseñar odio o hacerle la vida imposible al que enseña el amor y al que lo aprende. Por odio, pues, me echaron de mi puesto de profesor de Literatura para poder acallar a los poetas que yo les leía a mis muchachos y que evocaban la libertad y la justicia y el amor y la democracia. Por odio quisieron matarme los de la Policía Política y por eso mismo ‒por el odio de ellos contra mí‒ me encerraron en la celda número dos, en un cuartel de la costa, donde todas las noches oía los gritos de aquel pobre diabético a quien le estaban negando la insulina hasta tanto no confesase su delito y delatase a sus compinches. Odio y más odio emanaba, delante de las delirantes multitudes, en su tribuna de la Plaza de la Revolución, el dictador ‒casi monarca‒, en las conmemoraciones revolucionarias. Odio son la ética y la estética comunistas y la descabellada idea de crear el llamado hombre nuevo, que es algo así como el hombre monocorde y esclavo. No voy olvidar aquel odio inexplicable que se desplegaba en los desfiles del Primero de Mayo, como larga comparsa de muñecos y carteles. Nada, que el cubano debería culpar al imperialismo y a la sociedad capitalista de todos los males y emprenderla contra los norteamericanos y contra su bandera y su cultura e, incluso, contra su idioma; porque, en aquellos tiempos de mi infancia y adolescencia ‒y también de mi juventud‒, hablar inglés u oír canciones en esa lengua era como colgarse el sambenito de cierta inclinación por el enemigo.
Por eso es que sé odiar; pero los odio a ellos, a los que aún me odian a mí y siguen odiando a mi pueblo. Mi odio contra los Castro y los castristas es visceral y tiene que ver mucho con el amor que me tengo a mí mismo y a mis compatriotas. Yo no tolero ‒no está en mí tolerarlo‒ que alguien se deshaga en halagos y le ría la gracia ‒que es desgracia‒ a los hijos de puta que arruinaron a Cuba. ¡Los odio con toda mi alma! Y yo no quiero el menor de los contactos con aquel que tiene en la pared de su casa la imagen del que mató al hijo de Luciano y tampoco tengo nada que hablar con ése que desafía la tolerancia ‒y la paciencia‒ y se pavonea con la camiseta que tiene estampada la cara de aquel criminal. Y no, no lo quiero cerca de mí ¡porque me dan unos deseos de… ! Es que no, yo no puedo tolerarlo.
Mi odio y el de Luciano y el los viejitos del Versailles, no es odio mío ni de Luciano ni de los viejitos. El odio originario es el de ellos, de los que nos obligaron a odiar y nos pusieron al oído, para que aprendiésemos sus notas tenebrosas, los redobles de la barbarie. Atilas irrumpió en La Habana y el vate de su corte compuso esta canción: « Se acabó la diversión: llegó el comandante y mandó a parar.» Y aquél fue, entonces, el primer día del odio.
Pero hagamos memoria. José Martí ‒nuestro Martí, que sí nos enseñaba el amor y por amor cayó y por una Cuba independiente de la corona de España‒, estando en el destierro, asistió al teatro para disfrutar del baile de una famosa artista española. Inspirado en aquella circunstancia, escribió estos versos de comprensible y hermosa intolerancia:
Han hecho bien en quitar
El banderón de la acera;
Porque si está la bandera,
No sé, yo no puedo entrar.
Y otra vez Martí ‒acaso el más amoroso de todos los cubanos‒ compuso, con toda su rabia, la siguiente estrofa:
Odio el mar, que sin cólera soporta
Sobre su lomo complaciente, el buque
Que entre música y flor trae a un tirano.

31.3.09

El SOLDADO MAS PEQUENO por osvaldo raya


Este post que nos lo presenta Osvaldo Raya, un blogger de Miami (blog azul de mi mismo) http://osvaldo-raya.blogspot.com/ y profesor de espanol que se nos une hoy. se los traigo y les ruego, que lo lean con detenimiento. Lo que nos describe Osvaldo tras su experiencia en Cuba a la edad de once anos, es la reafirmacion de algunos de mis planteamientos en posts anteriores, pero visto desde su punto de vista. Me parece muy increible lo separados que estamos los cubanos y lo unidos que nos vemos cuando compartimos nuestras experiencias.


Carlos M Paez


De niño, me inculcaron la religión católica y otras tradiciones religiosas de Cuba. En casa siempre se veneró a San Lázaro, el santo de las muletas, y mi madre me había encomendado a él. Por eso es que me llamo Osvaldo Lázaro y llevo al cuello una medallita de oro con su imagen. A los 11 años de edad, a penas el primer día en que ingresé para hacer los grados de secundaria básica, en un internado militar vocacional, un sargento, al descubrir mi cadena y la imagen dorada de mi santo, me dijo: «quítate eso: quién ha visto a que un soldado revolucionario sea religioso: desde hoy eres ateo. Es una orden.» Y entonces cuando vi a mi madre, el día en que salí de pase, le dije que yo era ateo y le di a guardar la medallita. Era la primera vez que dormía fuera de mi casa y quedaba a merced de una educación extra-familiar.
Era el año 1967. Para entonces el gobierno había lanzado una campaña para que los niños que, como yo, habían terminado el sexto grado, se apuntaran para hacerse maestros en un curso de formación que se estimaba que durase unos cuatro o cinco años en escuelas internas fuera de la cuidad de La Habana. Unos cursos serían por allá en la provincia de Oriente y otros en Topes de Collantes, en las montañas del Escambray y luego en la provincia de Matanzas. El último curso sería en Tarará, en el este de La Habana. Yo de niño jugaba a ser el maestro. Siempre quise ser maestro. Y finalmente esa fue la carrera que estudié y ejercí con todo mi amor, lo cual me produjo los momentos más felices de mi vida. Y por eso fue que me embullé muchísimo con la campaña gubernamental de captación de maestros. Pero por mucho que le insistí, llorando, a mi madre, ella no transó. Mamá, sabiéndome asmático y debilucho, no me imaginaba tan lejos de casa y a pupilo.
Con tal de que me olvidara de la descabellada idea de irme estudiar, tan lejos y con dos permisos anuales para ir a la casa, mi madre misma me mostró la alternativa de internarme ‒esta vez con salidas semanales‒ en una escuela militar para niños de la enseñanza secundaria quienes luego terminarían su carrera en las grandes academias del ejército cubano. De ahí que empecé mi secundaria vestidito de soldado. Pero resulta que antes de comenzar el curso, los estudiantes deberíamos pasarnos unos 45 días sembrando posturas de café en la zona más remota del occidente de Cuba. Era la primera vez que yo no dormía en mi casa tantos días. Sin embargo, yo estaba tan sorprendido con la novedad que hasta la disfrutaba como una aventura de niños, como un juego. Después de aquellos días en que tantos niños servimos de fuerza de trabajo ‒sin paga‒ en los campos de Pinar del Río, comenzó el curso escolar. Y fue muy gracioso verme así, luego de levantarme a las cinco y media de la mañana, marchando todo el día y dando clases de tiro y de estrategia militar, además de las asignaturas propias de mi escolaridad. En las clases militares me enseñaron a matar pero yo no aprendí. A mí aquellas granadas de madera de los entrenamientos me caían ahí mismo, en mis pies, y el sargento jefe me decía que yo era hombre muerto. Tampoco nunca un tiro mío ni siquiera rozó el blanco.Allí, en la Escuela Militar Camilo Cienfuegos (E.M.C.C.) ‒conocida también como Los Camilitos‒, me susurraron, en cada clase de ciencias políticas o de historia o en cada entrenamiento, el evangelio del odio. Los que no son revolucionarios merecían la defenestración y hasta el fusilamiento y era propio del hombre nuevo denunciar a todo ciudadano desafecto al proceso revolucionario, aun si fuese nuestro amigo o nuestra madre o nuestro padre. Nuestra verdadera familia era la revolución socialista y nuestro padre el Comandante en Jefe. Me prohibieron ir a la iglesia y me exigieron abstenerme de todo contacto con esa parte de mi familia que vivía exiliada en los Estados Unidos; ya que ese país era enemigo de la Revolución Cubana y tanto mi abuelita, mis tías y mis primitos eran traidores a la patria. Era importante que los odiase para siempre. Yo, como soldado no podía ‒por nada de este mundo‒ faltar a estos requerimientos; de lo contrario podría ser expulsado deshonrosamente de la escuela y pasar al status de paria.
Para ser una isla tan pequeña, Cuba tenía un ejército demasiado grande y bien artillado, asesorado ‒claro está‒ por la madre-patria de todos los países comunistas: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.), de donde procedía toda la técnica y el armamento. Entre todas las armas se distinguía especialmente aquella AKM que yo armaba y desarmaba como el perito armero más pequeño ‒y menos hábil‒ del país. Pero eso del ser el soldado más desfavorecido por su tamaño corporal, me costó que el mismísimo Comandante «Gallego» Fernández, en persona, en una visita de inspección del Estado Mayor, tomándome por la cintura, me elevara por encima de su cabeza y me dijese: «te ordeno crecer.» Y al otro día ya estaba yo adentro de un jeep de guerra en camino al Hospital Militar «Carlos J. Finlay», para asistir a una consulta con una endocrinóloga. Aquella doctora sabía que tenía la misión de hacerme crecer a toda costa. Entonces, como parte de un extraño tratamiento, comenzaron a inyectarme ciertas dosis de insulina cada mañana y una pastilla diaria de levotiroxina de 30 mcg; a parte de una dieta de sobrealimentación, en el almuerzo (comida) y la cena. El resultado, luego de dos años de la inusual medicación, fue aquel desajuste en mi metabolismo que acabó en una operación para extirparme toda la glándula tiroides. A partir de aquel momento y de por vida, estoy obligado a suministrarme artificialmente la tiroxina. En fin, que dejé de ser el soldado más chiquito de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, no porque sobrepasé las medidas de la altura de mi cuerpo sino porque me dieron baja médica de Los Camilitos y me deshabilitaron para siempre de la vida militar. Y gracias a Dios que fue así. Semejante diagnostico, reflejado en un estrujado y amarillento certificado médico, me sirvió para liberarme del Servicio Militar y de los entrenamientos dominicales de las llamadas Milicias de Tropas Territoriales (ejército de voluntarios civiles ‒que era civil pero no voluntario). También escapé de lo peor: de la guerra de Angola, aquella que Cuba se empeñaba en ganar, a miles de millas de su propio territorio, contra un ejército irregular de opositores al régimen angolano y contra sus aliados sudafricanos. Todo para lucir ante el mundo el poder de un ejército repleto de quintos ‒casi niños‒ entrenados para odiar.
Nunca tuve vocación de soldado. Nunca. Y preferí ser maestro y entrenar a los hombres para amar.
Publicado por osvaldo raya en 10:18

30.3.09

Abre que voy!!!!!!!




La libertad se abre paso ya, como ave que de un lado a otro va sin reparar descanso hoy en nuestra isla. Jóvenes cubanos llevan la bandera que los descreídos de allá y de acá nunca se dignaron a entender que llevarían. Esta fue la principal razón de mi incursión y creación de estos blogs que llevo, pues como joven divise la inmensa apatía que sentíamos en Cuba hacia el régimen, una dictadura que nos ataba sin razón y disminuía arduamente el foco del lente por el cual nuestra experiencia hacia la vida se inclinaba a desarrollar.

Pues esta creencia mía de que nosotros seriamos los que no diríamos mas "que lo quite el que lo puso" y tomaríamos las riendas de nuestra tan deseada libertad, se hace realidad ya. Jóvenes en la isla sin miedo a torturas, cárcel y hasta perder la vida, en el Wilfredo Lam teatro de La Habana, hacen una demostración de civismo y valentía denunciando la falta de libertad de expresión y la mentira que viven desde siempre.

Ya es hora hermanos, jóvenes de Cuba y del exilio, unamonos todos, contactemos a los de allá. Aquellos que tienen comunicación con ellos pueden ayudar. Formemos un frente informático para divulgar todo lo que ellos quieran decir. Brindemos a nuestros compatriotas la libertad que la dictadura les prohibe. Creemos una Cuba virtual por el momento, edifiquemosla como queremos que sea la real en un futuro. Plantemos nuestras pautas, nuestras leyes libres, nuestros derechos y armemos una sociedad virtual por el momento. Hagamos los municipios, direcciones de provincias y manejadores virtuales de estas, también un presidente virtual (Propongo a Yoani) no se, para así demostrar que nuestra patria libre-virtual, es mejor que la real de ellos. Creo que ya tienen una idea de lo que digo.

No se si es una loca idea mía o si estoy delirando, pero realmente pienso que debemos hacer algo ya todos unidos, vasta ya de no tengo tiempo, estoy ocupado en mi trabajo o no se que hacer. Si no tienes ideas pregunta, o ayuda que blogers cubanos se unan a otros que tu sigues, y unete a los de ellos y así encontraras proyectos y mucho en como ayudar. Se me hace tan difícil a veces darme a expresar y demostrarles la urgencia de estos tiempos, lo importante de nuestra unidad. No me quiero comparar con el, pero hace ya algún tiempo que comprendo en viva carne lo difícil que le fue a Marti llegar a su meta.

Despierta cubano, unete y libera tu patria.

Viva Cuba Libre!!!!!!

Carlos M Paez.

Declaran legisladores uruguayos su apoyo a Jorge Luis García Pérez, en Cuba


El opositor pacífico cubano Jorge Luis García Pérez, conocido como Antúnez.
(Radio Martí) — El Directorio Democrático Cubano informó en Miami que tres senadores y ocho diputados uruguayos del Partido Nacional emitieron una declaración de respaldo al opositor pacífico cubano Jorge Luis García Pérez, conocido como Antúnez.

La campaña uruguaya reclama el respeto a los derechos humanos en Cuba, la liberación de los presos políticos y una apertura democrática, al tiempo que respalda el ayuno protagonizado por Antúnez y las activistas Iris Tamara Pérez Aguilera y Diosiris Santana Pérez.

La declaración encabezada por el diputado Jaime Mario Trobo reclama de la comunidad internacional, de los líderes políticos y parlamentarios y de los gobiernos democráticos, una mayor atención a las demandas que expresan los huelguistas de Villa Clara.

Desde el 17 de febrero, el líder opositor Antúnez realiza junto a las dos compatriotas un ayuno para reclamar el cese de las torturas, la libertad de los presos políticos y una apertura democrática en Cuba.

Juana Isa tiene los detalles.

Opositora pacífica en ayuno dirige carta al gobernante Raúl Castro


Jorge Luis García Perez, Antúnez.
(Radio Martí) — El opositor Mario Alberto Pérez Aguilera cumple una sanción por su activismo a favor de los derechos humanos.

Su hermana Iris Tamara Pérez Aguilera dirigió una carta al gobernante Raúl Castro que fue leída a Radio Martí por Jorge Luis García Perez, Antúnez.

Los detalles en el audio.

Desde Generacion Y-Video "Performance", un Minuto de Libertad

Confieso que me fue dificil controlar la emoción y no llorar mientras veía y escuchaba a mis compatriotas imaginar por unos minutos que en Cuba existe la libertad de expresión y se puede decir lo uno piensa. Desde Generación Y nos llega este vídeo con lo que aconteció anoche en el Centro Wifredo Lam, en La Habana, Cuba. Desde Radio Marti, Uno de ellos, el músico Ciro Díaz, de la banda de rock Porno para Ricardo, relató lo ocurrido en el Centro Wilfredo Lam de la capital cubana. AUDIO

Participación de cubanos (entre ellos, algunos blogueros) en el espectáculo Performance de Tania Bruguera, Décima Bienal de La Habana (Marzo 2009) Canal de Youtube Pomairino.

Un minuto de libertad por persona-Claudia Cadelo

Desde Cuba-Claudia Cadelo de Octavo Cerco nos cuenta sobre el ratito de libertad que disfrutaron anoche en La Habana. Este echo no tiene precedente. Viva la Libertad!


Yoani Sánchez sólo me dijo: "Hay un performance, va a estar bueno y yo voy a participar, estate ahí en el Centro Wifredo Lam a las 8 de la noche."

Nunca pude imaginar encontrarme con un podio y un micrófono listo para todos, para cada uno de nosotros. El lugar estaba atestado de gente; para lograr llegar a la primera fila había que deslizarse por el bulto entre permisos y quiero llegar al micrófono. Todo inició con una mujer que, paloma blanca en el hombro izquierdo, hacía muecas sin emitir sonido(debo agregar que esto es una burla hacia Castro, quien hace cincuenta anos, se paro frente a un microfono frente al pueblo Cubano, poco antes de comenzar su reinado de terror), mientras dos muchachos, vestidos con el uniforme del MININT, contaban el tiempo para darle fin a su intervención y lanzarla de nuevo hacia la plebe muda.

Justo después pasó Yoani, habló de la blogosfera, de la censura, había un silencio total y cuando terminó muchísimos aplausos, la gente la conocía y estaba feliz. Corrí entonces yo y me subí, estaba muy nerviosa: no tenía un micrófono delante ni un público que me escuchara desde los 9 años, cuando vestida de pionera asalté una reunión del CDR para leer un comunicado incomprensible, con el tiempo desarrollé una especie de fobia hacia ese aparato que sólo servía para enmascarar la realidad de mi país.

Preparé un texto a la carrera que leí con la garganta apretada:

Que un día todos tengamos todos los minutos del día para decir delante de un micrófono todo lo que queramos. Y que de paso también los que hoy tengan esa posibilidad, dediquen un minuto, o menos incluso, a decir la verdad.

Me bajé, pero se me quedó por decir mucho, entonces subió Reinaldo Escobar, no le dio tiempo a terminar y los militares lo bajaron: el oportunismo fue lo último que se escuchó de su discurso ya con los pies puestos en el piso. El tiempo se estiraba y nadie más subía, la gente estaba asustada, un artista fue y dijo:

Yo lo que tengo es mucho miedo.

Caminé otra vez hacia el podio y solté: Que un día la libertad de expresión en Cuba no sea un performance.



Recuerdo otras intervenciones:

Claudio Fuentes hizo una votación: luego de hablar de dictadura y de presos políticos pidió que levantaran las manos los que estuvieses de acuerdo con cambiar las cosas, casi todo el mundo levantó las manos.

Un puertorriqueño dijo que aunque él vivía en una colonia, en su país había libertad de expresión y pidió que dejaran abierto el micro las 24 horas.

Un americano: Yo no hablar español pero: ¡viva la cambia!

Con una jaba negra en la cabeza Reinaldo Escobar fue por la segunda: Yo creo que esto debería estar prohibido.

Hamlet Labastida, artista plástico, pidió democracia y que subiera uno de ellos, al menos uno.

Ciro Díaz iba a cantar "El Comandante", pero el tiempo se había terminado y no los muchachos vestidos de militares, sino un sonidista hosco caminó y le gritó: ¡Se acabó!, mientras daba órdenes a sus espaldas: ¡Desconecta ya!

Una buena cantidad de público se quedó gritando: ¡Ciro, Ciro, Ciro!, como si fuera un concierto de Porno Para Ricardo y pidiesen otra canción.

La brigada de respuesta rápida estuvo pobre, sólo con dos personas, y supongo que se hayan sentido extraños, en franca minoría y sin el poder en el estrado: una experiencia completamente nueva para ellos.

Ex prisioneros políticos cubanos realizarán congreso en Miami


Ciudad de Miami
(Radio Martí, Cuba) - Centenares de ex prisioneros políticos cubanos, hombres y mujeres que han estado encarcelados alguna vez durante los últimos 50 años por combatir al régimen totalitario de la isla, se reunirán del 3 al 5 de abril en Hialeah y Miami.

La idea del Congreso surgió el verano pasado declaró una de las organizadoras del encuentro, la ex presa política Gladys Ruisánchez, quien agregó que todos los que han luchado por la libertad de Cuba están invitados al encuentro.

Se espera que estén presentes en el Primer Congreso del Presidio Politico Cubano, representantes de varias generaciones. Individuos que fueron a prisión en la década de los 60 y 70, y jóvenes que cumplieron sentencias de cárcel en los 90.

27.3.09

Continúan bajo asedio policial los opositores pacíficos que realizan un ayuno en el municipio villaclareño de Placetas, en Cuba

El ex-prisionero de conciencia, Jorge Luis García Pérez, Antúnez.
(Radio Martí) — Desde el municipio villaclareño de Placetas, el ex-prisionero de conciencia, Jorge Luis García Pérez, Antúnez, denunció que su domicilio sigue bajo asedio de la policía.

Agregó Antúnez que él, su esposa Iris Pérez Aguilera, y el opositor Diosiris Santana Pérez, continúan su protesta cívica, iniciada el 17 de febrero.

A continuación, la voz del disidente Antúnez, quien efectúa un ayuno en su hogar de Villa Clara en protesta contra los abusos del régimen comunista.

Carta de una Cubana a Obama (Divulgenla)

Desde el blog El que siembra su maiz donde aserege uno de los publicadores puso esta carta proveniente de una cubana en la isla, les traigo esto, la carta de ella, donde explica su preocupacion por la politica errada que se lleva a cabo desde Washington con respecto a Cuba y tambien expreza el pensar real de los cubanos de la isla sobre lo que realmente les hace falta. Me gustaria que si pueden divulgen esta carta por todos sus blogs y por todos lados donde crean sea escuchada, yo por mi parte se la hare llegar a nuestros senadores republicanos para que esten al tanto del pensar cubano de hoy. Espero que se entienda bien y no se tome el humor que en la carta exciste como falta de seriedad, pues el cubano esconde su dolor atravez del humor.



miércoles 11 de febrero de 2009

Carta a Obama....
CARTA DESDE CUBA
muy importante..........
Carta para Barack Obama y todos aquellos que quieren ayudar!Estimados señores y señoras,Soy cubana, vivo en Cuba y me tomo ahora el tiempo de enviarles esta nota porque pienso que ustedes pueden entender y amplificar mi preocupación. Me preocupa lo que se comenta acá sobre la nueva administración de los Estados Unidos.Ojo, cuando digo, "lo que se comenta acá" no me refiero ni al Gramma, ni a las mesas redondas ni a las otras vías de propaganda del Partido. Hablo de lo que comentan los cubanos como yo, esos que de vez en cuando, aprovechando la oportunidad, leemos lo que escribe Yoanis, o lo que dicen en España, o en Miami.Hablo de los cubanos que nos mantenemos tranquilos, porque hay que seguir comiendo, criando los muchachos y, para eso hay que cuidar el trabajo.Dice la gente acá que van a quitar el bloqueo; que Obama va a permitir las remesas y que muchos países de América Latina van a venir a nuestra ayuda. Dicen, en fin, que va a ser peor el remedio que la enfermedadDe que ayuda y de que bloqueo hablan allá afuera?Aquí nosotros entendimos hace tiempo que no existe tal bloqueo y sabemos muy bien en qué se convierte la ayuda del exterior.Soy madre de tres muchachos que, como yo, nacieron después de 1960 y todos hemos tomado Coca y Pesicola, todos hemos usado Nike y de cuando en cuando hemos com ido un pedazo de pollo o una cebolla proveniente de las "entrañas del monstruo" (Por cierto,! muy sabroso el monstruo!)Caballeros, lo que necesitamos los cubanos de Cuba que vivimos en Cuba, los que batallamos cada día con el calvario que nos construimos nosotros mismos, es que nos devuelvan nuestros derechos civiles. Simple y sencillamente.Lo que necesitamos es que nos devuelvan nuestro derecho a optar, a escoger, que nos devuelvan la posibilidad de entrar o de salir, la libertad de leer o publicar, la libertad de existir sin tener que estar pensando en lo que interpreta el vecino o lo que va a considerar el CDRNo necesitamos que levanten el bloqueo, necesitamos que nos dejen tener Internet, necesitamos, que nos dejen tener un pasaporte y que no nos consideremos asociales o vulgares delincuentes cuando no tengamos el mismo punto de vista que el comentarista de la televisión o el maestro.No necesitamos que quiten el bloqueo; necesitamos que nos quiten la libreta de abastecimiento y todas las otras enmarañadas trabas que nos impiden decidir que hacer con nuestro Moskovich, ese que conseguimos como "obrero destacado" es decir, como ciudadano modelo y de cierta manera incondicional.No necesitamos ni de inversión, ni de asesoramiento, ni de dirección, ni de ayuda extranjera, necesitamos que se nos deje hacer. Que nos devuelvan nuestro derecho a nuestro país, a nuestros recursos, a nuestro mercado, a nuestra oferta y a nuestra demanda. Eso es lo que necesitamos!Hay en el mundo hoy suficientes ejemplos de lo que son capaces de hacer la inteligencia y el trabajo de los hijos de esta isla y de su cultura: los cubanos.Entonces, estimados señores, lo que necesitamos es una mano para que podamos recuperar poco a poco los cuernos de nuestro toro sin tener que pasar por el caos social, las mafias o los baños de sangre.No necesitamos que levanten el bloqueo, ni que nos manden muchas ayudas. Y, como dice la gente acá, si ambas cosas sucedieran antes de recuperar los derechos civiles, el comercio con los Estados Unidos irá a engrosar las páginas de la libreta de racionamiento. De la misma manera que las ayudas se incorporarán a las ofertas de la shopping o a las gratitudes que el gobierno ofrece a cambio de fidelidad.Por favor, Excelencia Señor Presidente, Barack Obama, reflexione antes de tomar una decisión. Y evite poner nuevos recursos en manos de los déspotas; piense que los cubanos no somos estúpidos, no nos creemos el cuento del bloqueo, pero lamentablemente, no tenemos los recursos. Como dice la gente acá, la mayoría de nosotros se bebe una CocaCola en cuanto tiene deseos, pero solo una minoría sabe qué es una cuenta en un banco o un titulo de propiedad.
Reciban mis respetuosos saludos,Mayra del Montón (no es mi nombre por supuesto)